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sábado, 21 de julio de 2018

En defensa de la "ideología de género"

Antes de empezar, y para comprender todo lo que menciono después, necesitan ver este video:




Hace tiempo vi este video en el que se dan argumentos para atacar a la llamada “ideología de género”. En el video, que según es una entrevista a Putin (aunque en realidad los subtítulos no corresponden a lo que este dijo realmente en la entrevista), el líder ruso explica como a su parecer la ideología de género es solamente un invento de una minoría que quiere imponerle una forma de pensar a todos los demás.

Para empezar, cuando oigo a personas o grupos conservadores diciendo que el “lobby gay” (por llamarlo como ellos le llaman, aplicando para todas las formas de diversidad sexual) quiere imponerles sus ideas, no puedo evitar preguntarme: “¿Se están escuchando a sí mismos?”. La mayoría de ellos dicen estar solo “expresando su opinión” y se quejan de que los LGBT no los dejen decir lo que piensan. Claro, porque decirle a alguien que no puede ejercer sus derechos y que no puede hacer lo mismo que tú no es un intento por imponer una idea, es solo la expresión de una idea.

Pero bueno, afortunadamente vivimos en un mundo en el que con las herramientas disponibles todo mundo puede expresar sus ideas, así que me voy a centrar en ello, en decir lo que pensé cuando vi ese video.

Al inicio de la entrevista falsa (para que nadie vaya a pensar que Putin realmente dijo las cosas que compartían por subtítulos en el video), el gobernante ruso hacía una analogía para explicar como un lobby (en este caso el transexual, al parecer, aunque aplica a otros casos) llegó a influir en sociedades de nivel mundial por la simple razón de unirse y exigir que borraran la “disforia de género” de las listas de enfermedades mentales. Porque obviamente la situación no ha requerido de estudios, argumentos y demostraciones; basta con que yo me junte con amigos que padecen el mismo trastorno y exija que deje de considerarse algo como una enfermedad mental para que se me haga caso. De hecho, sorprende que el símil que utilizan en la analogía, el trastorno narcisista, no haya hecho que las personas con ese trastorno se hayan unido desde hace mucho tiempo atrás para que los borren de los libros de enfermedades psiquiátricas. Quizás sienten que son demasiado para que algo así les afecte y prefieren simplemente ignorarlo.

¿Y qué pasa con las personas con anorexia y bulimia, que también son mencionadas en el video? Bueno, creo que de eso sí hemos visto intentos por justificar que no se trata de un trastorno. Quizás no todos lo sepan, pero en internet abundan los grupos llamados ProAna y ProMia, en los cuales a las mujeres (aunque también hay hombres, si bien en una proporción mucho menor) se les incita a continuar con los hábitos que tienen respecto a la comida. La gente en esos foros reclama que la sociedad no las deje hacer lo que quieren y que las señale como si lo que estuvieran haciendo fuera malo.

¡Santo cielo! Viéndolo así parecería que nuestros amigos conservadores tienen razón, pues aquellos parecen ser argumentos muy similares a los que se han esgrimido en la lucha por el reconocimiento de los derechos de las personas trans.

Sin embargo, antes de continuar creo que deberíamos revisar la definición de trastorno (específicamente el mental, que es el caso que nos ocupa). De acuerdo al DSM:

“(…) es conceptualizado como un síndrome o un patrón comportamental o psicológico de significación clínica, que aparece asociado a un malestar (p. ej., dolor)., a una discapacidad (p. ej., deterioro en una o más áreas de funcionamiento) o a un riesgo significativamente aumentado de morir o de sufrir dolor, discapacidad o pérdida de libertad. Además, este síndrome o patrón no debe ser meramente una respuesta culturalmente aceptada a un acontecimiento particular (p. ej., la muerte de un ser querido)”.

Pero no nos quedemos con ello, revisemos otra basada en la definición de salud según la OMS:

“(…) es una alteración de tipo emocional, cognitivo y/o comportamiento, en que quedan afectados procesos psicológicos básicos como son la emoción, la motivación, la cognición, la conciencia, la conducta, la percepción, la sensación, el aprendizaje, el lenguaje, etc. Lo que dificulta a la persona su adaptación al entorno cultural y social en que vive y crea alguna forma de malestar subjetivo”.

A grandes rasgos podríamos decir que el trastorno o enfermedad mental es una desviación en el comportamiento que trae consigo algún malestar o peligro.

Y aquí, señores, es donde podemos argumentar en contra de lo que nos dicen las personas con anorexia y bulimia; pues independientemente de lo que ellas piensen, los marcadores físicos que van desarrollando demuestran que se ponen en peligro a sí mismas con sus hábitos. No importa que crean que es bueno, las pruebas físicas muestran que sus comportamientos son incompatibles con la salud.

Pero ya estoy oyendo a los grupos conservadores argumentar: “Eso es lo que nosotros decimos. Basta ver la relación que se da entre la transexualidad y otros trastornos como el abuso de sustancias y las conductas sexuales de riesgo” (solo por citar algunos, aunque quizás según ellos no sean los más importantes). No obstante, yo les pregunto: “¿Eso está relacionado directamente con ser transexual?”.

Imagínense por un momento crecer desde la infancia escuchando que algo que tú sientes en tu interior está mal. De muchas y diversas maneras. Puede ser a través de chistes, comentarios encubiertos y llamados de atención “amables”; pero también pueden estártelo diciendo con violencia manifiesta. Puede que llegue a darse el caso de que tu propia familia (esa que supuestamente debe dar amor y apoyo incondicional) te rechace, te corra de casa y te desconozca solo porque tú te sientes diferente. E incluso si tu familia te acepta con eso que sientes, ¿qué pasa si la sociedad te sigue bombardeando con la idea de que estás mal y que tu vida vale menos solo por ser diferente?

Grupos conservadores, díganme por favor: ¿cuántas personas no desarrollarían un trastorno (sino es que varios) en esas circunstancias? ¿Son los desajustes psicológicos que utilizan como un argumento en contra de la transexualidad producto de la transexualidad misma o de las circunstancias que hemos creado como sociedad para personas así? Si tienen dudas, les aseguro que les bastará con conocer a una persona transexual que haya crecido con aceptación familiar y que tenga unas buenas redes de apoyo social. Lamentablemente no parecen ser muchos, pero por otro lado, el número no deja de crecer gracias a gente que ha hecho sus prejuicios a un lado.

Oh, pero todavía nos falta un argumento que también se menciona en el video por el que estoy escribiendo esto, y que es el favorito de grupos en pro de la familia natural y demás cosas así. Estamos hablando de la biología. Y es que efectivamente, en el aspecto biológico nuestra especie se divide en machos y hembras (si excluimos la intersexualidad, que muchos consideran otro trastorno, este de índole biológico, cuando no la ignoran simplemente). Eso hace que nuestros queridos conservadores protectores de la familia natural afirmen que la transexualidad no puede ser otra cosa que algo “antinatural”. Y no solo ellos, sino que me ha tocado escuchar a gente que se dice “amiga” de personas trans diciendo lo mismo. Expresan simplemente que los niños tienen pene y las niñas vulva y que no hay vuelta de hoja; que cualquier otra cosa es intentar ir en contra de la biología.

Sin embargo, todos ellos olvidan algo. El ser humano, en su estado actual como especie, no es solo un organismo biológico. Muchos habrán escuchado el término biopsicosocial, lo cual engloba dos esferas que van más allá de la simple biología. Y todavía nos faltan contar los aspectos espirituales, históricos, culturales y hasta legales que también nos conforman (aunque haya quienes piensen que ya están incluidos en lo psicológico y lo social, nunca está de más aclararlo). Teniendo todo eso en cuenta no hace falta ser un genio para reconocer que ser mujer o ser hombre para un humano va más allá del hecho de tener un determinado tipo de genitales. Sí, la biología no se puede negar, pero parece un crimen supeditar todas las demás esferas a ella.

¿Y qué pasa si yo quiero ser un panda o una ballena? No, esta no es una idea que a mí se me haya ocurrido, sino que es una que se expone en el video. Quizás lo hace en un tono irónico que resulta ofensivo para la comunidad trans al insinuar que ellos “quieren” ser algo diferente a lo que son, cuando la realidad es que las personas trans ya lo son. No obstante, vamos a dejar eso un poquito de lado. Vamos a suponer que se dijo seriamente o que se dijo solo como una analogía para poder expresar la opinión de nuestros amigos conservadores (porque ya dijimos que todos tenemos derecho a tener opiniones). Y yo les diría que es válido, si es cierto que la persona realmente se siente así y no lo hace solo para burlarse de otro grupo de la población. Sin embargo, habría que ver que no cayeran en un trastorno como tal, porque una persona alimentándose solo de bambú o intentando permanecer horas bajo el agua no parecen seguir un camino que los lleve a la salud. Y si ahora me van a decir que los transexuales tampoco persiguen la salud al someterse a cirugías que a su parecer son innecesarias (porque finalmente toda intervención quirúrgica representa un riesgo), déjenme decirles que eso no es cierto. Hay personas transexuales que no sienten necesidad de realizarse una cirugía de reasignación de sexo, sino que pueden vivir cómodamente con su cuerpo siempre y cuando tengan la oportunidad de vivir la vida que ellos quieren. Y los que no pueden hacerlo, creo que los riesgos de la cirugía son mínimos comparados con el malestar que alivian cuando la persona finalmente logra identificarse plenamente consigo misma. Es como el caso de algunas personas que se someten a la cirugía estética sin necesitarla realmente solo porque quieren sentirse cómodos con ellos mismos. Y miren que no veo a nuestros amigos profamilia natural haciendo manifestaciones ni quejándose de esas cirugías innecesarias.

Eso me lleva a otro punto tocado en el video. Según este, Putin argumenta (falsamente, les recuerdo que no son las palabras del mandatario, sino de quienes subtitularon el video) que aceptar la transexualidad sería igual a aceptar peticiones rídiculas como que alguien reclame la ciudadanía estadounidense porque “se siente estadounidense”. Ahí honestamente yo me confundí, porque el video habla de ello como si fuera algo que no pasara. Pero sí pasa, señores. Si alguien se siente estadounidense y quiere realmente serlo lo único que tiene que hacer es mudarse a ese país y luego solicitar la ciudadanía pasando su examen de lo mismo. Claro que ahora con Trump es más difícil, pero eso no lo hace imposible. Ojalá las personas trans tuvieran un camino tan claro como ese para llegar a ser ellas mismas.

Creo que esos son todos los argumentos que mostraban en el video. Sí me pasé alguno es porque estaba lo suficientemente indignado con los otros como para que no se quedara grabado en mi cerebro. Sin embargo, más allá de los argumentos, lo que más me indigna y me molesta es que grupos conservadores presenten esta clase de videos como respuesta a las “ofensas” que la “ideología de género” les hace. Es cierto que además del derecho a opinar, todos deberíamos tener el derecho de acostarnos con quien quisiéramos y no, como insinúa el video, que se nos obligue a acostarnos con quien no queremos. A mis amigos conservadores les aseguro que probablemente la mayoría de personas trans no están interesadas en acostarse con ustedes; y que seguramente aquellas que sí será más probable que se ofendan por el hecho de considerarlas “enfermas, repugnantes o cualquier otra cosa que piensan de ellas” que por el hecho de que las rechacen sexualmente. Yo también lo haría si alguien pensara eso de mí.

Después de todo, lo que a ustedes les ha dado por llamar ideología de género es solo un intento porque en la sociedad se reconozcan y se acepten las diferencias. Lo único que buscamos es que se nos dé nuestro lugar como seres humanos y se nos respete. Porque déjenme decirles que la mayoría de las veces sus “opiniones” no nos dejan vivir la vida, ni a las personas trans ni al resto de la diversidad sexual. Y eso hace que dejen de ser opiniones para convertirse en fuente de discriminación.

Sí, todos tenemos derecho a opinar, pero para ello primero hay que entender hasta dónde llega una opinión y comienza a ser un intento por obligar al otro a actuar como yo creo. Por ponerles un ejemplo yo puedo decirles que opino que es malo abortar (es algo real, la verdad si una mujer cercana a mí lo hiciera lo más seguro es que me enojara con ella). Sin embargo, a pesar de ello, estoy a favor de la legalización del aborto. ¿Por qué? Porque creo que independientemente de mi opinión cada mujer tiene derecho a decidir por sí misma si va a hacerlo o no.

Así que la próxima vez que usted, señor o señora que protege la familia natural y todo el orden natural en la Tierra, quiera opinar, hágalo. Pero no lo haga intentando convencer a otros para que se unan a usted y actúen en consecuencia; o, peor aún, para intentar quitarle derechos o hacer sentir mal a otras personas. No opine para que el mundo sea igual que usted, porque eso no es justo para nadie. Deje que los demás vivan su vida.

Porque me gusta creer en una frase que leí alguna vez:

“Las diferencias se hicieron para disfrutarse, no para señalarse”.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Homofobia internalizada en La Sirenita

"Somos hijos del mar y no tenemos alma como los hombres".

“¡Jamás seré como ellos!”

"Sabía que su amor por el joven capitán era un amor sin esperanza, porque ella, la Sirenita, nunca podría casarse con un hombre."

Las anteriores citas fueron sacadas del cuento original de la Sirenita.Quizás algunos ya lo sepan, tal vez otros no, pero ese cuento fue escrito por Hans Christian Andersen para otro hombre. Edvard Collin era el amor platónico de Hans, y cuando Edvard decidió casarse con una mujer Hans le escribió el cuento y se lo dedicó con las palabras: “Languidezco por ti como por una joven calabresa… mis sentimientos por ti son como los de una mujer. La feminidad de mi naturaleza y nuestra amistad deben permanecer en secreto”.

Cuando uno lee la Sirenita después de conocer esa información se da cuenta que el cuento es un reflejo de la vida de Hans. Él mismo era la Sirenita y Edvard era el hombre del que esta queda prendada. Y tal como en la versión original del cuento (no manipulada por Disney) el tipo se casa con otra, dejando destrozado el corazón de la Sirenita, la cual renunció a todo con tal de estar con él. Sin embargo, eso no bastó.

Bueno, pero discutir esos asuntos obvios no era el objetivo de esta entrada. Yo quiero hablar sobre la homofobia que impregna el relato de Hans. A simple vista podría parecer que no hay tal cosa, pero cuando uno lo lee sabiendo que la condición de Sirenita del personaje principal es solo una metáfora para representar la homosexualidad de Hans (aunque él era más bien bisexual) las cosas cambian.

Las citas del principio las elegí precisamente porque son una muestra de ello. En primer lugar, el padre de la Sirenita le dice que no tienen alma al ser criaturas marinas. Luego la Sirenita se da cuenta que jamás va a ser igual que su amado. Y finalmente, ella sabía que nunca podría casarse con un hombre.

Si en lugar de pensar en una Sirenita pensáramos en un hombre homosexual, ¿qué nos quedaría? Empecemos de atrás para adelante: el homosexual jamás podría casarse con un hombre, el homosexual jamás va a ser igual que su amado y, lo peor, el homosexual no tiene alma.

Si usted está de acuerdo con las tres afirmaciones anteriores eso quiere decir que es usted homofóbico y no sé qué demonios está haciendo al leer mi blog. O quiero creer que no se ha dado cuenta de que es homofóbico, pero le agradecería que después de esta revelación tome las medidas necesarias para dejar de discriminar a otros.

Ahora que si son personas conscientes y educadas, se habrán dado cuenta que las afirmaciones mencionadas son un discurso común dentro del ámbito homofóbico. Los homofóbicos suelen decir que los homosexuales no somos como las demás personas. Sin embargo, nuestra carga genética dice algo muy diferente. Somos simplemente personas con gustos diferentes. Sin embargo, eso no nos hace sustancialmente diferentes a otros humanos. Lo cual significa que, si el alma realmente existe, nosotros también contamos con una de ellas.

Finalmente, quizás en la época de Hans sería cierto que él jamás podría casarse con su amado, pero afortunadamente las cosas han cambiado para bien :)

Lo grave de Hans en mi parecer es que, al menos por la manera en que escribí, él parece dar las afirmaciones anteriores por ciertas. Son cosas que la sociedad hasta la actualidad sigue diciendo de las personas gays. Sin embargo, en mi opinión lo más grave es cuando las personas gays también nos lo creemos. Son esas creencias, cuando son interiorizadas, las que nos llevan a considerarnos peores que los demás, seres de segunda categoría y que no merecemos vivir. Precisamente como si no tuviéramos alma.

Pero bueno, como ya dije las cosas cambian, y si alguien se sigue sintiendo como se sintió Hans hace dos siglos solo debe meditar y buscar ayuda. A Hans se le perdona haber creído esas cosas por la época en que vivió y porque creó una de las historias de amor más lindas de todos los tiempos. Porque aunque la Sirenita no se queda con su amado, prefiere la felicidad de su amado que su destrucción, incluso cuando ello le permitiría regresar a su vida anterior. Para mí en el verdadero amor sucede exactamente eso: se prefiere la felicidad del otro aunque haya que sacrificar parte de la propia. Aunque eso no excluye el que uno mismo se debe de amar, pero ese es otro tema :P

Si quieren leer el cuento original de la Sirenita les recomiendo entrar a: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/andersen/la_sirenita.htm

martes, 23 de julio de 2013

DIFERENTES - No a la discriminación

El motivo para escribir esta entrada fueron las recientes declaraciones de algún representante de la Iglesia en Rusia de que el matrimonio igualitario era un síntoma del apocalipsis y por lo tanto había que arrojarlo fuera de Rusia. Y es que no entiendo como una religión puede justificar la negación de los derechos del resto de las personas mientras por otro lado predica la importancia del amor al prójimo. Porque hasta donde mis conocimientos de la Biblia llegan, en el nuevo testamento se nos dice que hay que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Es una incoherencia terrible, y más cuando se le suma la idea de que también me parece entender de la Biblia que el único con derecho para juzgar a otros es Dios. ¿O acaso no dicen "que arroje la primera piedra el que esté libre de todo pecado"?

No me voy a poner del lado de los ateístas fanáticos que esgrimen cosas como esas para decir que Dios no existe. Quizás tenga dudas razonables sobre si la Biblia fue escrita por Dios como se nos enseña o fue realmente producto de un hombre, pero el caso es que no se puede negar que la Biblia contiene verdades importantes y buenos consejos, por lo que al menos yo sí creo que en algunas partes fue fruto de inspiración divina. ¿Que si Dios fuera todopoderoso no permitiría este tipo de cosas de los que hablan supuestamente en su nombre? Él ya había avisado en su palabra que habría muchos falsos profetas, y por otro lado, igual de estúpido me parece esgrimir el nombre de Dios en vano que echarle la culpa de las cosas que hemos provocado los mismos seres humanos. Porque no tengo dudas que Dios podría cambiar las cosas, pero ¿por qué nos arrebataría la oportunidad de aprender por nosotros mismos lo que necesitamos, de hacernos responsables de lo que hemos hecho? Un padre podría encerrar a su hijo en una esfera de cristal donde nunca le pasará nada malo, pero es mucho más saludable dejarlo salir al mundo y que se haga responsable de sus propias decisiones. ¿Por qué Dios no haría lo mismo por nosotros como especie?

Podría haber un argumento todavía, ¿no? La Biblia condena la homosexualidad directamente. Sí, pero también dice que el hombre tiene libre albedrío dado por Dios y que como ya lo dije, él es el único que debería estar juzgando. Siendo las cosas de esa manera, ¿las personas que están en contra de la homosexualidad no deberían contentarse con no practicarla ellos y dejar vivir a los demás de la manera en que ellos quieran? Porque pienso firmemente que mientras no se dañe a terceras personas, todo debería estar permitido.

Aquí pasamos a otros argumentos aún más rídiculos, que afortunadamente ya no tienen base (al menos no directa) en la Biblia. En Rusia se dice que la propaganda gay se prohíbe para cuidar de los niños. ¿Me están diciendo que es más saludable que un niño vea como golpean a alguien hasta matarlo solo por ser diferente que ver convivir a personas diferentes tranquilamente, cada una expresándose de la manera en que quiera? Como psicólogo no puedo entender cuál es la lógica que existe debajo de ese argumento. Si un niño descubre espontáneamente que le gusta alguien de su mismo sexo, ¿cómo se va a sentir? ¿A quién va a recurrir? Porque nunca se le habló de que aquello pudiera pasar, es más, quizás nunca se lo imaginó porque nunca vio nada como aquello. O puede ser que lo haya visto, pero vio que tuvo consecuencias de violencia y muerte y podría llegar a odiarse a sí mismo por sentir eso que siempre ha visto como algo que estaba mal, que merecía esa clase de castigos. ¿A qué clase de vida puede aspirar una persona así?

Lamentablemente todo lo anterior no es algo que se vea exclusivamente en Rusia. Quizás ahorita resalta más por todas las noticias que nos llegan, pero solo tenemos que ir a la Iglesia de la colonia a preguntar al encargado o a las personas que la frecuentan que piensan sobre la homosexualidad y solo en raras ocasiones la respuesta será positiva. Podemos ir a un kínder o a una primaria cercanas, y preguntarles a los maestros si alguna vez han trabajado o hablado sobre la diversidad, y veremos que nunca. Y aquellos que lo hayan hecho, seguramente poco después tuvieron a los padres de familia encima de ellos por hablarles de ese tema a los niños. ¿Por qué nos espantamos señores? Tampoco se trata de que los niños se enteren de los pormenores íntimos de una pareja homosexual (así como tampoco se van a enterar de los de una heterosexual), pero sí que sean conscientes que así como ven a su papá y mamá juntos, a sus tíos y primas con novias y novios, así también puede ser que en la vida se encuentren con parejas formadas por personas del mismo sexo, y que no por eso tienen menos derechos que los demás, o que por ello tienen derecho a hacerlos menos o a insultarlos. No se trata de decirle al niño "Vuélvete gay", se trata de que aprenda a respetar a todas las personas independientemente de con quien estén.

Porque eso nos urge como sociedad, cultivar el respeto hacia los demás por el simple hecho de ser humanos. Porque no solo se trata de la homofobia, también de la xenofobia, la discriminación de género, por religión... Vaya, si parece que no podemos respetar a nadie que no sea como nosotros. Y es aún más rídiculo ver como una sociedad como la gay que es fuertemente discriminada discrimina a otros. Porque me ha tocado ver gays que discriminan a otros por ser pasivos, por ser locas, por ser muy obvias... vaya, y eso sin sumarle la transfobia que a veces existe. Urgentemente necesitamos aprender a amarnos, para que mientras no me lastime a mí o a otros lo que hace determinada persona me valga madres. Necesitamos aprender que las diferencias no nos hacen mejores ni peores personas, solo DIFERENTES, y que esas diferencias por tanto deberían disfrutarse y no señalarse, deberían servirnos para aprender de otros y no para discriminarlos.

miércoles, 17 de julio de 2013

Nuevas perspectivas sobre el amor

Bueno, ya en otras entradas he hablado de lo que creo que es el amor. Y mientras más reflexiono sobre ello me doy cuenta que es algo demasiado complejo. Antes de continuar, creo importante resaltar que lo que escribo aquí es producto de mi propia reflexión, y si bien he leído sobre el tema como ya lo he comentado no podría afirmar pero tampoco negar que lo que diga ya haya sido dicho por alguien más reconocido.

En fin... En últimas fechas me he dado cuenta el porqué es tan difícil diferenciar al amor de la obsesión, el encaprichamiento y otras tantas cosas parecidas. Porque creo que cuando amas a alguien, lo que sucede es que quieres lo mejor para esa persona. Sin embargo, dado que el amor solo puede darse una vez que uno se ama a sí mismo, parece obvio que vas a creer que tú eres lo mejor que esa persona puede tener.

Es ahí donde comienzan las diferencias, sutiles pero significativas. Porque aunque un encaprichado también pueda decir que quiere estar con esa persona porque su amado jamás va a encontrar a alguien mejor que señor(a) caprichitos, el que ama de verdad no perderá de vista que aunque haya cosas en las que sea el mejor también habrá otras en las que no será tan bueno. Y quizás esa persona a la que uno ame necesita algo muy diferente a lo que uno puede darle. En el mejor de los casos esa persona necesitará lo que nosotros realmente podemos darle, y entonces si habrá una oportunidad.

No obstante, todavía falta que esa persona sea lo que necesitamos nosotros. Porque quizás sea cierto que somos lo mejor que puede haber para esa persona en específico, pero también falta que esa persona sea lo mejor que podamos tener. Y no me refiero al dinero, o la posición social, me refiero a aquellas características más profundas que componen el verdadero ser de la persona. Porque alguien que se ama a sí mismo va a esperar lo que cree que se merece, y ese merecimiento no puede ser menos que otra persona que se ame a sí misma. En cambio, el obsesionado dirá que no importa como sea aquella persona, porque el amor se trata de una aceptación incondicional. Sí, es incondicional, pero primero va uno y luego van los demás. Quizás pueda amar a alguien más, pero si yo sé que eso va a ir en contra de amarme a mí mismo pues mejor le digo adiós y cada quien por su camino. Decirle "Te amo pero me amo más", es lo más saludable antes de caer en una relación de codependencia.

Otra idea aún más estúpida es el "amor todo lo puede, y por eso mi amor va a hacerlo cambiar". Esa frase sí que está buena. El que el amor todo lo pueda no quiere decir que nos va a dar oportunidad de cambiar a la otra persona tal como nosotros creemos que debería ser. El decir que el amor lo puede todo creo yo que es algo más profundo que todavía no comprendo del todo. Sin embargo si tengo claro que no se trata de cambiar a otros. Creer eso sin duda alguna nos llevará a una relación de codependencia. Si no me creen vean la película Cuando el Amor no es Suficiente, que habla sobre la creación de AA y Al-Anon. Me gustó mucho esa película, porque me hizo cuestionar muchas de mis ideas sobre lo qué era el amor.

Con todo lo que he dicho, cuando pensamos a fondo no es sorprendente que muchos no tengamos idea de lo que es el amor, y también resulta obvio el porqué en muchas series y películas nos lo pintan con tintes de encaprichamiento, apasionamiento y obsesión. Porque si tiene parecidos con ellos, sin embargo, en lo profundo es muy diferente. Pero estamos tan acostumbrados a prestar atención solo a los aspectos superficiales de las cosas, que nos resulta imposible discernir uno del otro.

jueves, 11 de julio de 2013

Literatura basura

Últimamente he visto en internet muchas críticas contra Paulo Coelho y otras tantas contra la saga de 50 sombras de Gray (si a lo que veo se les puede considerar críticas). Personalmente nunca he leído nada de eso, sin embargo, con tanta publicidad la verdad es que ya me están dando ganas de leerlos. Digo, no paro de oír comentarios negativos acerca de esos libros, y sin embargo, también veo gente que reacciona muy enfadada porque atacan lo que ellos consideran sus libros favoritos. Honestamente, no entiendo ninguna de las dos posturas. Los que se la pasan criticándolos suelen ser las personas que se creen "cultas" o intelectuales; sin embargo, no me parece que tenga mucho de culta una persona que se la pasa menospreciando a los demás solo porque leen algo que en su consideración es inferior o no cumple los criterios para considerarse una obra de arte. Digo, cada quién tiene derecho a leer lo que se le pegue la gana, ¿no? O de que se trata. Porque el plan de buscar criticar a los otros por cualquier cosita (porque no lee, o porque si lee lo hace con algo que a mí no me gusta) me parece sumamente hipócrita, además de que se deja de tener en cuenta que como bien dice el dicho "en gustos se rompen géneros". Si tan culto e intelectual me creo, ¿por qué no puedo aceptar sencillamente que los otros tienen gustos muy diferentes a los míos?

Y ahora vamos al otro lado, a los que se ponen inmediatamente a la defensiva cuando alguien dice un chiste sobre sus libros favoritos. De ese lado puedo entenderlos un poco más, porque entre mis libros favoritos están los que ha escrito Stephenie Meyer, sí, esa escritora de una popular saga de vampiros que en palabras de muchos realmente no son vampiros (por decirlo de la manera agradable). Y no me avergüenzo de decirlo, porque la verdad nunca me gustó la literatura clásica de vampiros (aunque no por eso despotricaba conta ella cada vez que tenía la oportunidad), así que Crepúsculo, al salir de la literatura clásica de vampiros me encantó. Además, se trata de una lectura muy sencilla y comprensible, y a mí me enseñaron que los mejores libros son aquellos que usan un lenguaje que puede ser entendido fácilmente por cualquiera.

Pero volviendo al punto, dije que puedo entenderlos un poco más, pero no completamente. Yo cuando veo chistes sobre Crepúsculo me encantan y me echo a reír, no me pongo todo funky y empiezo a soltar peladeces en contra de quien se haya atrevido a proferir el chiste o escribirlo. Prefiero reírme porque soy consciente que hay partes de Crepúsculo que se prestan muy bien para esas bromas. Y cuando oigo críticas como la de Stephen King sobre que "Crepúsculo trata sobre la importancia de tener novio", no me queda más que aceptar la verdad tras esas palabras. Pero eso no hace que me guste menos, y no entiendo porque aunque el tema no sea lo mejor que se ha escrito eso significaría que yo soy una persona que vale menos o con una menor inteligencia que aquellas personas que se dedican a leer solamente clásicos.

Ahí tienen las razones por las cuáles no entiendo porque enfrentarse entre aquellos fans de obras como las de Stephenie Meyer y Paulo Coelho y sus detractores. Una vez escuché una frase que me gustó mucho: "Las diferencias se hicieron para disfrutarse, no para señalarse". Creo que cuando entendamos que independientemente de lo que leamos o no leamos somos seres humanos valiosos tendremos muchos menos conflictos. Digo, un chiste de vez en cuando está bien, pero no me parecen chistes comentarios como "es una basura", "los que lo leen seguramente son retrasados mentales", etc. Porque no creo que en el fondo haya diferencia entre la discriminación por gustos literarios y aquella que se da por raza, religión u orientación sexual. Y recordemos que esa clase de discriminación ha dado origen a crímenes bastante graves en la humanidad.

miércoles, 29 de mayo de 2013

¿Se nace gay o uno se hace gay?

Estoy a punto de meterme en un tema bastante espinoso. Sin embargo, no puedo evitarlo después de oír la noticia del primer matrimonio gay de Francia, donde uno de los hombres comento que "no se elige ser gay, simplemente se es". Eso me suena como si fuera una afirmación de que es algo innato, ¿no? Quizás solo sea yo y mis interpretaciones personales, pero aunque en este caso no sea cierto sí he oído a muchas otras personas aferrarse con fuerza a la idea de que uno "nace gay". He de decir que en lo personal eso me produce una sensación de molestia hacia las personas que esgrimen ese argumento, aunque hasta hace poco fue que comencé a plantearme realmente qué era lo que me molestaba de ese argumento.

Me molesta porque en lo personal no entiendo porque deberíamos de estar diciéndolo. Es cierto que ciertas investigaciones han demostrado que hay ciertos factores hormonales, genéticos y fisiológicos que parecen indicar que hay diferencias a nivel biológico entre heterosexuales y homosexuales, pero también es cierto que hay otras que han probado que los factores del ambiente donde se desarrolla el individuo también tienen una gran importancia. Al menos desde la psicología conductista se parte del supuesto de que todo lo que hacemos lo aprendemos mediante la experiencia con nuestro medio ambiente, e incluso el psicoanálisis dice que el ser humano más bien es bisexual por naturaleza y cualquier individuo puede desarrollarse dependiendo de ciertos factores hacia la homosexualidad o hacia la heterosexualidad.

Entonces ¿quién tiene la razón en este debate? ¿Los biologistas que dicen que nuestra orientación sexual depende de factores biológicos que van más allá de nuestro control, y por lo tanto podríamos decir que "nacemos gays"? ¿O los que afirman que son las experiencias las que nos van formando? La mejor respuesta hasta el momento creo yo que la he encontrado en la American Psychological Association, quien nos dice:

"La mayoría de los científicos en la actualidad acuerdan que la orientación sexual es más probablemente el resultado de una interacción compleja de factores biológicos, cognitivos y del entorno [...] Es importante reconocer que existen probablemente muchos motivos para la orientación sexual de una persona y los motivos pueden ser diferentes para las distintas personas" (APA, 2008).

¿Qué nos quiere decir esto? Que quizás si habrá personas que nazcan homosexuales, sin que haya factores cognitivos o del entorno que influyan en su orientación sexual, pero serán las menos. Para la mayoría de nosotros nuestra orientación sexual se habrá formado con la interacción de las diferentes clases de factores, quizás con mayor influencia de unos y con menor de otros, pero en todo caso no se expresaría de cierta manera si no fuera por todos ellos.

Si tomamos esto como cierto veremos que el debate sobre si se nace gay o uno se hace gay no tiene razón de ser, porque no podemos generalizas que todos quienes somos homosexuales nacimos ni que todos nos hicimos. Habrá sido diferente para cada uno, y necesitaríamos seguir meticulosamente nuestro desarrollo desde el momento de nuestra concepción para poder darnos cuenta de cuál fue el factor o los factores determinantes en nuestro muy particular caso. Y no creo que nadie tenga los medios para hacer ello.

Pero a final de cuentas, ¿por qué debería tener tanta importancia el si nacemos o nos hacemos? Es este el punto el que realmente me molesta cuando alguien afirma que "nació gay", el hecho de que se le de tanta importancia a un discurso que si lo pensamos en lo profundo nació como medio de defensa frente a una sociedad homofóbica. Porque realmente no debería importarnos si nacemos o nos hacemos, porque a final de cuentas seguimos siendo seres humanos que merecemos respeto y amor (aunque suene muy cursi). Incluso aunque nuestra orientación sexual fuera producto de una decisión (lo cual personalmente me parece una tontería, pero bueno, hay quien lo dice) eso no debería ser pretexto para atacar a alguien. Porque en lo personal me parece que al decir que nacemos ya como gays lo único que estamos buscando es evitar ataques de otros, justificando lo que somos para que nos acepten.

No obstante ¿por qué demonios tenemos que justificar lo que somos? Piénsenlo por un momento. ¿Qué pensarían de una persona que les dijera "Yo nací hetero"? Suena como a chiste, ¿no? Y lamentablemente no solo sucede en el campo de las orientaciones sexuales, pensemos por ejemplo el campo de la discapacidad. Si alguien dice que un niño con alguna clase de síndrome o problema "nació así", como que nos viene a la cabeza "Ay, pobrecito, pero él no tiene la culpa". Sin embargo, si alguien sin alguna discapacidad evidente (déjemoslo así) dijera en esos casos "pues yo nací normal" hasta parecería que se está burlando, ¿no?

¿Entonces? No necesitamos justificar lo que somos. Lo que necesitamos, y urgentemente, es que como sociedad aprendamos que independientemente de las diferencias que haya entre nosotros debemos cultivar el valor de la tolerancia, el cual no solo implica tolerar, si no también por definición respetar. Y eso tristemente podemos verlo que existe incluso dentro de la misma comunidad gay. El discurso de "soy gay porque nací así, pero no soy de esas locas que se la pasan joteando" nos demuestra que incluso dentro de nosotros la homofobia está bastante internalizada. Acábamos trasladando nuestra propia homofobia: en lugar de decir que lo que está mal es sentir atracción por alguien del mismo sexo, decimos que lo que está mal es andarse exhibiendo, volverse femenino y tener sexo con cuanto hombre se nos pase por enfrente.

Pero a mí me han enseñado que lo que está mal es muy subjetivo, y que realmente mientras no hagas daño a otros o a ti mismo puedes hacer lo que te venga en gana. Quizás a mí no me guste ponerme de diva y referirme a mí mismo como mujer, pero ¿por qué debería de molestarme que lo hagan otros? Si fuera heterosexual, pues sí, quizás a mí no me guste acostarme con otro hombre, pero ¿por qué debería de molestarme que dos hombres que quieren hacerlo lo hagan? ¿En qué me está afectando realmente?

Así, mi conclusión final es que personalmente creo que no deberíamos estar buscando la manera de justificarnos, si no que deberíamos aprender a respetar y a pedir respeto por el simple hecho de ser seres humanos. No importa realmente si nacemos o nos hacemos, porque el hecho es que sí nacemos como seres humanos. Así que también dejaré de molestarme por aquellos que defienden que no nos hacemos, sino que nacemos. Los respetaré, y recordaré que aunque no esté de acuerdo con ellos, tendrán sus razones para creer en eso. Si gustan podré explicarles sus razones, pero solo para que también entiendan mi punto de vista y no con el objetivo de cambiar su manera de pensar.

lunes, 25 de marzo de 2013

No me discriminen... a menos que me convenga

Hoy quiero escribir sobre algunos discursos contradictorios que se ven frecuentemente en nuestra sociedad. Sí, lo sé, estamos llenos de ellos por ser una sociedad de doble moral, pero hay uno que últimamente me ha llamado bastante la atención. Ya lleva en el servicio de transporte mexibús del Estado de México funcionando por un tiempo la "Línea Rosa", lo cual solo se trata de un servicio de autobús exclusivo para mujeres, idea copiada de algunas rutas del DF. Y como si no bastara este servicio en el mexibús, ahora el gobierno del estado también quiere implementarlo en las rutas de combis y camiones que circulan por nuestras avenidas. Y quizás solo sea impresión mía, pero las mujeres parecen bastante contentas con este cambio.

¿Cuál es la justificación para estas accciones? Prevenir el acoso. ¿Pero realmente se previene el acoso de esta manera? Como ya lo había comentado en una nota anterior (Véase Sobre la Marcha de las Putas) es cierto que ser acosados no es nada bonito, pero crear líneas de transporte exclusivas para mujeres solo es una solución paliativa del problema, de ninguna manera se resuelve el problema. Porque los acosadores siguen ahí, y aunque ya no puedan acosar a las mujeres en el transporte quizás encuentren un nuevo lugar dónde hacerlo y de una manera más grave. Para solucionar el problema se debería atacar desde la raíz, desde nuestras posturas machistas que imperan en nuestra sociedad. Sí, es bastante difícil, pero me parece mejor que solo ocultar el problema. Y quizás van más allá de ocultarlo, porque ¿quién dice que no origina otra clase de problemas separar de esa manera a hombre y mujeres?

Bueno, supongo que aún así se podría defender la idea del transporte rosa mediante el argumento que se trata de una medida precautoria mientras que las otras medidas se establecen y se logra modificar la sociedad. Y sin embargo, aunque fuera así, aún queda pendiente el asunto de la discriminación. ¿Por qué las mujeres piden que se les pague lo mismo en los trabajos pero no piden que se las trate igual en los transportes públicos? Porque ustedes me perdonarán chicas, pero por ejemplo que haya ocasiones en que los tres vagones del metro de hasta enfrente vayan bastante vacíos y los hombres viajemos prácticamente hacinados en los demás no suena precisamente a la idea de igualdad que suelen exigir. 

Eso es lo que a mí en lo personal, y creo que a cualquier persona debería molestarle. Porque no se vale pedir igualdad y por otro lado no querer dárselas. Si realmente queremos igualdad luchemos por ella, si queremos privilegios especiales por lo menos seamos francos con ello. Porque las mujeres piden que se les otorguen los mismos derechos que tenemos los hombres, y sin embargo quieren conservar aquellos derechos que les eran propios desde antes: quieren que los caballeros les cedan el asiento, que les abran la puerta y las dejen pasar primero, que paguen la cuenta; entre otras cosas.

Si vamos a hablar de igualdad pongámonos a hablar en serio de ella, ¿no? Si quieren los derechos que tienen los hombres entonces que también nos de otros derechos: el derecho a negarnos a ceder el asiento a las mujeres, el derecho a cruzar una puerta primero, el derecho a llorar, el derecho a expresar sentimientos, el derecho a ser invitados y que paguen por nosotros y demás. Porque si van a usar el argumento de la justicia para reclamar derechos que ahora no tienen no me parece muy coherente que quieran conservar sus derechos especiales de antaño. Porque aunque quizás no les gusten es algo que tenían y que el hombre no.

Así que ¿quieren realmente la igualdad o se trata de un asunto de mera conveniencia para quedar por encima del otro? Porque seamos realistas, aunque el hombre ha tenido más oportunidades laborales y sociales, también se ha perdido de muchas cosas por vivir en este absurdo sistema de cosas. Si vamos por la igualdad vayamos por la igualdad de manera pareja. Y para lograrlo me parece que tenemos que buscar soluciones reales y no meramente paliativas.

miércoles, 13 de febrero de 2013

¿Por qué el miedo a la muerte?

Parece que solo pensamos en la muerte cuando tenemos que enfrentarnos a ella por una u otra circunstancia. Al menos es mi caso actualmente. Ante la posibilidad de que alguien cercano a mí muera, el tema ha estado rondándome bastante en la cabeza. Y sin embargo, la primera inquietud que me surge es por qué no podemos hablar en condiciones normales de ella. ¿Por qué solemos evitar el tema, si es la única certeza que tenemos en esta vida? Mientras no encontremos la piedra filosofal, la fuente de la eterna juventud o nos convirtamos en criaturas inmortales de leyenda el único hecho del que podemos estar 100% seguros es que nos vamos a morir.

¿Será miedo? Muy probablemente. Digo, siempre dicen que el ser humano casi por naturaleza le teme a lo desconocido, y lo cierto es que para todo mundo es desconocido lo que nos espera una vez muertos. Podemos tener la certeza de que moriremos, pero son pocos los que tienen certeza sobre qué hay más allá. Y en mi opinión, habría más certeza si habláramos de la muerte más a menudo. Porque toda religión (o al menos las que yo conozco), tiene ciertas creencias al respecto; y al igual que la religión, al menos hasta que nos llegue el momento creer en lo que nos espera del otro lado es una cuestión de fe. Pero esa cuestión de fe podría ser la diferencia entre lo desconocido que asusta y lo conocido que da tranquilidad.

Y sin embargo, estoy encontrar de encerrarnos en una idea. No se vale decir "yo creo en el cielo, y los que digan otra cosa están mal y se acabó". Creo que si pudiéramos oír las ideas de los que nos rodean, conocer lo que ellos creen que hay más allá podríamos estar más tranquilos. Yo en lo personal creo que la muerte significa el fin de mí mismo como individuo, pero no el fin de todo. Mis componentes (desde el más pequeño átomo) volverá a ser parte del ambiente que me rodea y que una vez me formó. Seguiré estando, quizás no como el Gerardo de hoy, pero una parte de mí estará flotando en la atmósfera que todos respiramos, en los seres vivos que existen sobre la Tierra, diluidos en la tierra y en el agua... Eso es lo que yo creo. Y sin embargo, no me cierro. Digo, a lo mejor existe el cielo y el infierno y termino en uno de esos, a lo mejor reencarno en otra forma de vida, a lo mejor paso a formar parte de otro plano, a lo mejor mi alma queda libre para andar por ahí asustando gente que me llamará fantasma... Hay más opciones, aunque en estos momentos no sé me ocurren.

El punto es que si acepto que todo eso es posible, la muerte dejará de ser una incógnita para mí. Y por lo tanto, si realmente lo que tengo es miedo a lo desconocido, el miedo ya no tendrá razón de ser.

Quizás el miedo a la muerte provenga de que no queremos dejar atrás la vida, de que preferimos aferrarnos a ella de la manera que sea. Sí, la vida es maravillosa, pero no todos disfrutan de ella. Es entonces cuándo me pregunto a que nos estamos aferrando. Porque normalmente quienes más disfrutan de la vida son quienes se aferran menos a ella. Quizás sea solo eso de "más vale malo conocido que bueno por conocer". Nuevamente el miedo a lo desconocido...

¿Podríamos aprender a aceptar la muerte sin miedo?

domingo, 21 de octubre de 2012

¿Eres activo o pasivo?



Si eres gay seguramente has oído (o leído, dependiendo del caso) esa pregunta infinidad de veces. Parece casi la piedra angular de toda la conversación entre dos hombres homosexuales, ¿no?

O seguramente has leído u oído un chistesito que está muy de moda últimamente:

Activo + Activo = Buen faje
Activo + Pasivo = Buen sexo
Inter + Inter = Diversión sin límites
Pasivo + Pasivo = Buen chisme


¿Por qué pensamos de esa manera? Muchos creen que porque lo único en que piensan los gays es en sexo, ¿no? En estos momentos no me pienso poner a discutir si eso es cierto o no, porque quizás sea tema para otra ocasión (aunque personalmente sé que no es así. Solo quiero hacer notar que incluso en el caso de que ese supuesto sea cierto, resulta bastante limitante

¿Limitante en qué sentido? Bien, para aquellos que no lo sabían y se quedaron con la idea judeocristiana del sexo igual a penetración les tengo una gran noticia. ¡El sexo es más que una simple penetración! Es ineludible que hablar de sexo también va relacionado con el placer, el erotismo y la afectividad. Si tú caso no es éste y el sexo no te resulta placentero, quizás tengas un problema y necesites ver a un terapeuta; o quizás sencillamente seas asexual y te cae mejor no practicarlo.

Bueno, siguiendo con la idea principal, obviamente, si el sexo va más allá de la simple penetración, habrá ocasiones en que no podamos saber todo de la otra persona o darnos a conocer a nosotros mismos con una simple etiqueta como activo, pasivo o inter. He conocido muchos chicos que si bien cuando se trata de una penetración anal solamente gustan de penetrar, si se habla de sexo oral disfrutan tanto dándolo como recibiéndolo. Quizás haya quien disfrute de otras facetas del sexo pero no de una penetración anal.

Además, supongo que con lo anterior se habrán dado cuenta que las etiquetas activo-pasivo se aplican normalmente al campo de las penetraciones anales. ¿Por qué solo pensar en ello? ¿Acaso no puedo disfrutar con una sesión de sexo oral? ¿Quizás con un buen faje? ¿Qué les parece la idea de estar desnudos simplemente acariciándose y sintiendo como sus cuerpos entran en contacto? ¿Tal vez un juego con labios y alguna sustancia como chocolate, crema batida o cualquier otra cosa que les guste? ¿Masturbarse mutuamente? ¿Realmente se necesita de una penetración anal para que la relación sexual se considere “completa”?

¿Sí me explico? No creo que una persona se pueda definir a sí mismo simplemente como activo o pasivo. A cada uno nos gustan prácticas que quizás a otros no, e intentar embonarnos en dos simples categorías resulta frustrante en muchos casos. Es como la clásica dicotomía heterosexual-homosexual. Seguramente han oído hablar de los bisexuales, quizás ustedes sean uno o tengan un conocido. ¿Han oído mencionar a los polisexuales y pansexuales? Nuestra sexualidad es más complicada que una simple dicotomía.

Sí, seguramente incluso con todo lo que han leído habrá varios que sigan pensando que la penetración es el asunto principal de todo el sexo. Sin embargo, espero que la próxima vez que tengan sexo vean más a la persona del otro lado y las posibilidades de tener placer en conjunto y no solo lo vean como un juguete sexual para el disfrute propio. Porque me parece que solo aquellas personas que usan los cuerpos de los otros para pasar un rato de placer son a los que realmente les puede importar que el otro sea pasivo o activo. Porque si no eres lo opuesto a mí no puedes complacerme. En cambio, si veo más allá del simple acto sexual, si lo que me gusta es realmente la persona, incluso aunque tenga el mismo rol que yo podremos encontrar alguna práctica con la cual pasar un rato agradable ;)

martes, 5 de julio de 2011

Amor verdadero

¿Qué significan realmente esas dos palabras? ¿Son solamente una ilusión de la mente de alguien que no quiere sentirse solo en este mundo de gente distante? ¿Son solo la etiqueta que le hemos puesto a la secreción de quien sabe que sustancias en nuestro cerebro? ¿O es algo más?
Primero vamos a revisar la versión neuroquímica. Los científicos se la pasan diciendo que no deberíamos emocionarnos tanto con el amor, porque solo es el resultado de la secreción de dopamina y creo que serotoninas que nos provoca la sensación de bienestar. Es como si estuviéramos drogados. Y el conocimiento popular parece darle la razón a la ciencia, ¿no? Digo, tenemos el dicho de que el amor apendeja. Sin embargo, la ciencia médica parece olvidar por completo lo humano que hay dentro de nosotros. Ya lo había comentado en http://seamisai-writer.blogspot.com/2011/05/medicina-cuerpo-humano-o-ser-humano.html La ciencia médica se ha ocupado tanto de su progreso (sin duda invaluable) que se ha olvidado de aquello que no puede comprender. ¿Desde cuándo podemos tomar un eslabón cualquiera de la cadena y decir que es el inicio? Porque los médicos, neurobiólogos y demás especialistas deberían concientizarse que esa secreción no se da solo porque sí, si no que hay una razón de más atrás para que eso ocurra. ¿Qué pasaría si alguien les dice que el enamoramiento viene antes de esa secreción de neurotransmisores, y no al revés como ellos afirman? Porque eso es lo que yo creo. La ciencia médica se la vive diciendo que la depresión y el enamoramiento son causados por un desequilibrio en la producción de neurotransmisores, pero creo que todo mundo estamos conscientes que por ejemplo, en la depresión, suele haber algo que la origina, un acontecimiento que vivimos y no se da de la nada. Y en el enamoramiento está la prueba de que no nos enamoramos de cualquiera (aunque haya quienes parezcamos que sí y nos digan enamoradizos, ¬.¬).
Claro que ahora nos dicen que es por las feromonas. Pero aún quedaría otra pregunta, ¿por qué reaccionamos ante distintas feromonas todos nosotros? Sí, porque no a todos nos gustan las mismas personas. ¿Y que hay de los enamoramientos a distancia donde el olor no puede estar actuando?
Nótese que hasta el momento solo he hablado de enamoramiento, no de amor verdadero. Lo cierto es que la ciencia se ha enfocado solo en lo que hace el cerebro al momento del enamoramiento, pero no se plantea realmente que hay más allá del momento. Es por eso que actualmente vemos que todo mundo cree que el amor verdadero solo dura tres años como mucho, cuando lo que dura máximo tres años es el enamoramiento al que la ciencia le ha dedicado tanta investigación. Y la ciencia misma lo reconoce, ya que no hace mucho tiempo en Gaceta UNAM (R) se publicó un artículo donde una investigadora del campo reconocía que había algo más allá del enamoramiento que aún no se podía explicar.
Así que abandonemos las ciencias neurológicas. ¿Acaso es posible que la psicología nos haya dado las respuestas? Pues ya nos podemos ir decepcionando nuevamente, porque lo cierto es que la psicología ha rehuido bastante el asunto. Los psicólogos que han llegado a hablar del amor parecen hacerlo de una manera redundante y sin llegar a nada; o llegando a algo con lo que uno no se identifica. Por ejemplo, alguna vez oí que desde el psicoanálisis el amor era dar a otro lo que no posee, es decir, una especie de ilusión en la que ponemos al otro por encima de otro. Eso más suena como una obsesión, ¿no? En todo caso, parece que la psicología humanista se apega más a nuestra realidad humana, y equipara al amor con la voluntad. Entonces no es extraño que no se investigue al amor, porque ¿cuánta investigación conocemos acerca de la voluntad? Parece un tema de filósofos y poetas, ¿no? Y probablemente ellos son los únicos que se lo toman en serio.
Lo cierto es que mientras queramos reducir al amor al objeto amado, al sujeto amante o a la situación en la que se produce, no lograremos nada. Es muy probable que el amor se dé por toda un conjunto de causas y no se limite a una sola. Después de todo, el amor verdadero se construye poco a poco, al igual que la autoestima del niño. El amor verdadero implica conocimiento, es dar sin esperar nada a cambio (aunque también recibir sin que se pida). Es estar ahí siempre, en las buenas y en las malas. El amor verdadero nos ayuda a crecer como individuos, nunca nos hace olvidar nuestra individualidad.
Y más importante y muy sabido en la actualidad, pero al mismo tiempo ignorado: "El amor verdadero empieza por uno mismo". Nadie da lo que no tiene. No podemos esperar amar a nadie ni ser amados por nadie si no empezamos a hacer todo lo anterior por nosotros mismos. Pero hay que tener cuidado de no caer en el egoísmo, porque me parece que hay mucha gente que no le importa lastimar a los demás bajo la consigna de "Yo soy primero porque me amo". Eso no es amor, porque estamos olvidando nuestra condición de personas que compartimos con los demás miembros de la especie humana, lo cual indica falta de conocimiento.
Bueno, ya dije lo que creo que es el amor verdadero. Y cuando logramos dárnoslos a nosotros mismos, creo que estamos preparados para dárselo a los demás como pareja, amigos o lo que sea.

miércoles, 15 de junio de 2011

Sobre la marcha de las putas

"Mi cuerpo es mío. No es no".
Un movimiento con el que estoy de acuerdo, aunque no soy mujer. La mujer merece respeto, y el acoso sexual no se justifica de ninguna manera. Tal vez sea cierto que el cómo se viste una mujer puede influir, pero eso no exenta en ningún momento la responsabilidad del hombre. Como oí a una mujer decir en algún reportaje, las mujeres tienen el derecho a ir desnudas por la calle si así les place, y los hombres van a tener que respetarlas por muchas ganas que tengan de hacer otras cosas.
Pero en mi experiencia puedo decir que no solo las mujeres son las víctimas de acoso, y tampoco son siempre los hombres quienes lo realizan. Será que por eso simpatizo bastante con este movimiento. Sí, se siente horrible cuando se te acerca alguien con quien tú no quieres tener ningún contacto. La primera vez me tocó que me acosara una mujer, algo ligero por decirlo de alguna manera, ya que solo se me empezó a acercar demasiado y yo no tuve más que moverme de lugar. La segunda vez fue un hombre, y bueno, esa experiencia fue más traumática, porque hubo un contacto más directo. Y me pregunto, ¿cuántos hombres habrán vivido experiencias similares? Ya sé que en el primer caso seguramente pensarán que ningún hombre dice que no, pero del segundo me parece que ya hubo quejas al respecto en el STC Metro, ¿no? No sé si me debe sentar bien o mal no encontrarme solo al respecto.
Sin embargo, a partir de lo anterior me parece que el movimiento tiene una fisura. ¡Tenemos que aprender a decir NO! Lamentablemente, he de reconocer que en ambas ocasiones no supe decir no. Hacerse a un lado puede llegar a interpretarse como un no, de acuerdo; pero en el segundo caso me quedé callado, y cuando me di cuenta que los demás comenzaron a verme preferí fingir que era algo consensuado a quedar como el estúpido y débil hombre que no puede defenderse. Y yo creo que son muchas las mujeres a las que cuando les sucede fingen que no está pasando nada en lugar de hablar claramente y decir: ¡No quiero! Y pues ese es un problema, porque por ende los demás creen que les está gustando y... bueno, ya se imaginarán. En lugar de detenerse ahí siguen.
Así, es necesario que los acosadores aprendan a respetar, pero también que las víctimas aprendamos a decir de manera clara NO. Porque desde la perspectiva del acosador, las indirectas pueden no significar nada, o significar incluso que le está gustando lo que le está haciendo.
Claro que eso se aplica principalmente a lugares públicos. Además, creo que la mayoría de la gente a la que se le exhibe diciéndole de frente "¿Puede dejar de hacer eso?"  prefiere hacerse chiquito y desaparecer. Además, pienso que es muy importante no perder del todo la amabilidad, porque luego pasa que el acoso en realidad no es acoso. Otra vez hablo desde mi experiencia, porque una vez me sentía mal mientras viajaba en el transporte público, y de repente sin saber cómo me recargué en una señora. La señora me pidió tranquilamente que si podía moverme tantito, y  yo lo hice, porque dije "ah, no hay pex". En cambio, si me hubiera dicho enojadamente algo como "¿Qué crees que haces degenerado?", yo le hubiera respondido aún más enojado que ni quien quisiera meterse con ella, como de hecho me pasó en otra ocasión en que una chica se encontraba inclinada, y yo por andar viendo para arriba no la vi hasta que le di un empujón por atrás.
Así que aprendamos a decir NO de manera asertiva, pues es mi cuerpo y yo tengo derecho a hacer con él lo que quiera y con quien yo quiera (siempre y cuando el otro también quiera :P). Ya si el degenerado quiere seguirle ahora sí se merece un grito, una bofetada y una patada en la entrepierna. Digo, nadie que no esté acosando le sigue, a menos que sea hora pico en la Ciudad de México. Pero yo creo que incluso así se busca la manera de que el contacto sea menos incómodo.

domingo, 22 de mayo de 2011

Medicina: ¿Cuerpo Humano o Ser Humano?

Durante mucho tiempo desestimé el apoyo que puede prestar la medicina alternativa. Para mí la mejor opción era la medicina alópata, cualquier otra cosa era simple superstición y podía acabar bastante mal si se insistía en seguir con eso. Conforme fui creciendo mis ideas cambiaron un poco, y empecé a creer que ciertos problemas (no explicados por la ciencia médica) podían deberse a desequilibrios energéticos en el cuerpo humano (esto a raíz de mi creencia en la magia). Sin embargo, seguía desestimando a la medicina alternativa, ya que en mi concepción eso solo era engañar al paciente como cuando se le dan placebos. En mi concepción, si se trata de un desequilibrio energético la única capaz de curarlo sería la  misma persona, y no la toma de cosas naturistas, limpias o la aplicación de agujas.
Actualmente debo confesar que aún no estoy muy seguro, pero gracias al profesor Gerardo Chaparro mi visión se ha abierto otro poco. Él trabaja desde una perspectiva holística, donde el cuerpo y la mente del ser humano más que ser dos entes que se relacionan son una sola cosa. Todos sabemos que durante años la ciencia médica ha manejado un enfoque exclusivamente biológico de la enfermedad, donde ésta es producida por organismos extraños al cuerpo o por el mal funcionamiento de uno de los órganos del cuerpo. Así, lo único que se debe hacer para curar el cuerpo es eliminar al cuerpo extraño o buscar la manera de poner a funcionar correctamente la parte dañada del cuerpo. Uno no se preocupa por lo que pasa en la parte psicológica del ser humano. Incluso esto resalta demasiado en la psiquiatría, donde todo problema se ve como ocasionado por fallas en el cerebro.
Desde la perspectiva holística se toma en cuenta que al estar relacionado todo en el ser humano, es probable que muchas de las enfermedades (si no es que todas) no se deban al mal funcionamiento de un solo órgano o tejido, sino que más bien debe estar relacionada con funcionamientos anormales de todo el organismo, considerando también las emociones por las que vive la persona.
¿Difícil de creer? Pues ha habido una buena investigación al respecto, donde se aprecia que las enfermedades más que darse se van construyendo con los modos de vivir y las emociones que experimentamos. Podemos negarlo, claro; pero eso solo sería mantener una actitud bastante medieval sobre la materia.

lunes, 11 de abril de 2011

¿Vale la pena el matrimonio?

Hace poco surgió una discusión en clase. ¿Cuál es el sentido real del matrimonio? ¿Es simplemente un contrato social en el que la pareja tiene realmente poco que ver? ¿Fue creado para proteger a una mujer que se encontraba indefensa en un mundo machista?
Nuestra cultura occidental nos ha enseñado a ver al matrimonio como algo sagrado que se hace por amor. Antiguamente parecía que el matrimonio era el inicio del "Felices por siempre". E incluso cuando el amor se acababa, cuando el hombre comenzaba a buscar a otras mujeres, la mujer podía contentarse pensando "Yo soy la señora de la 'Casa', la madre de sus hijos".
Pero hoy, debido al cambio de rol en la mujer, aquella vana ilusión parece también desaparecer. La mujer ya no parece que tenga tanta necesidad de defensa, o en todo caso, la defensa ya no es para ella que su marido siempre se quede con ella y se haga cargo de sus hijos, sino más bien parece que lo que la mujer quiere es deshacerse lo más rápido posible del patán con el que hace unos meses se casó ciegamente enamorada. ¿A poco no son bonitos los divorcios exprés?
Las estadísticas nos dicen que el 60 % de las parejas (al menos en la ciudad de México) se divorcian antes de cumplir el año de matrimonio. El matrimonio ha perdido el sentido de "hasta que la muerte los separe". Y por una parte parece bien, porque todo mundo comete errores, ¿no? ¿Y es justo que por un error tengas que atarte toda tu vida a una persona a la que ni siquiera conoces bien y que resulta insoportable?
Pero entonces ¿cuál es el sentido del matrimonio? Si ya no es para pasar toda tu vida al lado de una persona... ¿entonces para qué? ¿Por qué nos seguimos casando para separarnos a los pocos meses?
Si vemos las parejas actuales, parece ser que la tendencia es formar una pareja porque se siente bien. El deseo sexual es lo que nos impulsa, y por eso mismo ahora parecen tan de moda los frees. ¿Para qué ir más allá del momento de pasión? Si la misma ciencia nos dice que el enamoramiento es finito, ¿para qué complicarnos la vida? Mejor disfrutamos de ese momento y luego busquemos a alguien más que nos provoque esas sensaciones, ¿no?
Pero nos olvidamos de lo que hay más allá del enamoramiento. La ciencia ha dicho mucho de él, pero no ha dicho gran cosa sobre el amor, al igual que no ha dicho mucho sobre la voluntad. Desde la psicología humanista, el amor verdadero, el que viene después del amor pasional o enamoramiento, es voluntad.
¿Estamos dispuestos a amar al otro? ¿O simplemente nos dejamos llevar por el impulso?
A mí parecer ese es el verdadero sentido del matrimonio. Porque con el matrimonio te estás comprometiendo a amar al otro. A respetarlo, a apoyarlo, a compartir tu vida con él.
Habrá quien diga "¿Pero cómo voy a amarlo? ¡Es insoportable! ¡Es totalmente diferente a cuando éramos novios!".
Nadie cambia de la noche a la mañana. Esas características siempre han estado ahí, pero muchas veces con el enamoramiento nos volvemos ciegos. Y lo que es peor, somos ciegos voluntarios. Minimizamos los defectos de la otra persona y no nos ponemos a pensar en como ello podría funcionar en casa. Nos fijamos en detalles insignificantes y no en las verdaderas cualidades de la persona.
Habrá quienes no estén de acuerdo con esto. Hay quienes pueden decir "Yo sí lo conocí". Creo que muchas veces en ese caso pasa justo lo contrario. Después del matrimonio comienzan a fijarse en detalles insignificantes: que si no tapa la pasta, que no le baja la tapa al baño, que toma del envase. Son costumbres molestas, sin duda, pero no me parece que sean realmente insoportables. Y además, siempre queremos que el otro cambie, ¿pero qué estamos dispuestos a dar a cambio? ¿Solo el otro necesita cambiar? ¿No hay absolutamente nada de nosotros que le moleste al otro? Después de todo, que yo sepa vivir en sociedad (sea pareja, comunidad, grupo) siempre implica diálogo y negociación. No podemos pretender imponernos solo porque sí con nuestro cónyuge.
Otro punto en contra: "¡Es que ya no es el mismo!". ¡OBVIAMENTE YA NO ES EL MISMO!". Las personas vamos cambiando con el tiempo y con las circunstancias. Es imposible actuar exactamente igual que cuando se eran novios. Sin embargo, se pueden tener otras actitudes que nos "reenamoren". Pero ¿cuántos de nosotros estamos también haciendo algo por seguir enamorando al otro, aunque no sea lo mismo que se hace cuando se es novio? Ese es uno de los principales problemas, y me parece que no solo de matrimonio sino en general de las parejas: NOS LA PASAMOS ESPERANDO QUE EL OTRO NOS DÉ TODO, Y NO ESTAMOS DISPUESTOS A DAR ALGO DE NOSOTROS.
¿Estamos dispuestos a comprometernos? ¿O preferimos vivir la vida solos, o en todo caso cambiando de pareja continuamente? Creo que es decisión de cada quien, pero si se prefiere comprometerse, se debe pensar seriamente antes de hacerlo, y no tomárselo como un juego como parece que está sucediendo actualmente.
Pero entonces ¿el matrimonio no perdería sentido? Si cada quien va a tomar su decisión, ¿no sería mejor que las parejas se unieran simplemente cuando quieran y sin que nadie intervenga? Hay quien piensa que es así, pero en mi opinión el matrimonio sigue siendo necesario. Tienen razón, es un contrato social, pero finalmente vivimos en sociedad. ¿Es más fácil mantener una promesa que te haces a ti mismo sin que nadie se entere o una promesa que haces ante otros? ¿Cuál rompes primero?
Ese es el punto del matrimonio. Es un compromiso contigo mismo, con tu pareja y la sociedad. Tres puntos de apoyo, y si lo tuviéramos consciente, sé que tal vez habría muchos menos matrimonios, pero también muchos menos divorcios.
La base del matrimonio solo puede ser la comunicación. Solo hablando con el otro sabremos qué es lo que buscamos como pareja: ¿Un simple momento de placer, unos cuantos años juntos o compartir toda una vida?

miércoles, 23 de marzo de 2011

Igualdad

Tema delicado de tratar, sobre todo porque se puede prestar a mal interpretaciones. Intentaré ser lo más claro posible para que no se malentienda.


Hace poco oí a alguien decir que si se respetara la idea de "todos los seres humanos son iguales" no habría necesidad de adjetivos como homosexual. Finalmente no tendría caso decir que soy homosexual, porque supuestamente todos somos iguales.


Gran mentira a mi parecer. ¡Los seres humanos no somos iguales! ¡Somos individuos únicos e irrepetibles! Claro que esta idea podría prestarse a interpretaciones racistas, pero no hay que olvidar que solo somos diferentes, no mejores ni peores. El ser moreno no me hace peor que ser blanco, el ser homosexual no me hace valer menos que un heterosexual. El punto es que sí hay diferencias, pero no marcan la calidad de personas que seamos.


Es por eso que yo estoy en contra del concepto de "igualdad", pero también en contra del racismo. En el racismo se considera que una sola característica determina a la persona por completo. Y la igualdad (al menos manejada como aquella persona a la que oí) parece negar nuestras cualidades personales.


Hay que luchar por la igualdad en ciertos sentidos, pero no en todos. Aquí me gustaría citar a George Orwell, quien en su libro 1984 dice:


Aún cuando fuera un hecho que los hombres no eran iguales en sus capacidades innatas  y que las funciones que desempeñaran habían de especializarse (...) ya no resultaban inevitables las diferencias de clase ni riquezas.


Yo preferiría el uso del término equidad. Creo que eso es lo que necesita nuestra sociedad, más que una igualdad absoluta.


El problema real con las etiquetas u adjetivos son la connotación que les damos. El ejemplo claro se dio hace algunos años, cuando el presidente de México dijo un comentario en donde resaltó la palabra negro. Inmediatamente el mundo entero dijo que eso era racista. Pero a mí parecer el decir que alguien es negro solo tiene que ver con su color de piel, no con otras características de la persona. Es cierto que el contexto se prestaba a otras interpretaciones, pero frecuentemente negro se asocia a un insulto. Yo nunca he oído a nadie que se sienta ofendido porque le digan blanco, y yo podría usarlo como sinónimo de engreído.


No hay que desechar nuestros adjetivos por completo. Dicen que el lenguaje es la base del pensamiento. ¿Cómo podríamos ser conscientes de nuestra individualidad si no hay forma de nombrar aquellas características que nos hacen únicos?


Finalmente, ¿a qué ligamos nuestras características personales? ¿Pensamos que éstas están unidas a otras características positivas o negativas? ¿O pensamos que en nosotros existen características negativas y positivas por igual, pero que no tienen que presentarse necesariamente en otra persona solo porque comparte una sola de nuestras características?

lunes, 21 de marzo de 2011

El príncipe azul: ¿Verdad o ilusión?

Mucho he escuchado acerca de éste tema. Sin embargo, la mayor parte de las personas que conozco y a las que he oído (heterosexuales u homosexuales) coinciden en una cosa: los príncipes azules no existe. No negaré que cada vez que escucho esto comienzo a dudar, a creer que realmente no existe el príncipe azul. Sin embargo, yo soy un romántico idealista a tope, que la mayor parte del tiempo cree que en algún lugar del planeta le espera alguien. No obstante, también soy un hombre de razón, y mis dudas ocasionales me han puesto a pensar en cuál es el verdadero problema. Y creo estar en lo correcto al pensar que la mayoría de personas a las que oído decirme que el príncipe azul no existe se caracterizan por ser desconfiadas. En muchos casos son personas a las que les cuesta creer en los demás, personas que piensan en lo malo antes de pensar en lo bueno que puede pasar.

¿Cuál es el problema en confiar en los demás? Mucha gente asegura que no puedes confiar en los demás sin más, o al menos eso me han dicho a mí. La mayoría de la gente que me rodea me considera en extremo confiado e ingenuo. Pero ¿está mal creer en los demás? ¿Cómo esperas que ellos confíen en ti, si tú no confías en ellos? Alguna vez leí que las personas se revisten de enojo, y que la única manera de que te muestren su verdadera cara es mostrándote tú mismo.

No puedes esperar a que el otro dé el primer paso cuando puedes darlo tú. Ya una vez leí en algún blog a alguien que se quejaba de por qué nunca somos capaces de buscar a los demás. Aquella persona se preguntaba enfocándose sobre todo en los encuentros sexuales. ¿Por qué después de compartir la cama con alguien por una noche nos olvidamos completamente de él? ¿Por qué no podemos llamarlo para decirle que lo disfrutamos mucho, o al contrario, para decirle que realmente aquello no fue lo que esperábamos? ¿Por qué no intentar conocerse un poco más? Pero mientras yo leía aquello, me preguntaba: ¿Y por qué esperas que él otro te llame? ¿Por qué demonios no le llamas tú? ¿A qué le tienes miedo? ¿Al rechazo? Yo creía que aquel miedo era el primero que tenías que superar si decidías asumirte como gay.

Y finalmente la desconfianza provoca otra reacción: lastimo al otro antes que él me lastime a mí. Una actitud que parece muy común hoy en día, y no solo entre las parejas. Incluso entre compañeros es común hablar a las espaldas de los demás, y cuando te preguntan por qué lo haces sencillamente respondes que seguramente el otro también lo está haciendo. Y ahí es dónde yo me pregunto: ¿Cómo demonios puedes estar tan seguro?

Además de todo esto, creo que la mayoría de la gente tiene un concepto equivocado de lo qué es el príncipe azul. La mayoría piensa que el príncipe azul es un ser perfecto, lleno de virtudes y que nos puede dar todo lo que queramos. Cada vez que pienso en eso me río, porque creo que no puede existir semejante tontería. No existe el príncipe azul, porque no hay persona perfecta para el mundo entero. Lo que existe es “tu” príncipe azul, aquel individuo lleno de tantas virtudes como defectos, virtudes que te ayudarán a convertirte en mejor persona y defectos que para ti resulten tolerables.

Tal vez esto resulte algo confuso, pero dado que no hay ser humano perfecto no puedes creer que existe un príncipe azul perfecto lleno de virtudes. Sí, tendrá virtudes que para ti serán lo máximo, pero ese príncipe azul tiene que tener también defectos, pero siempre serán defectos que tú toleres y con los que puedas vivir, e incluso tal vez defectos que no sean defectos para ti. Por ejemplo: a lo mejor a alguien puede tolerar que su pareja se acueste con otro, habrá alguien más que no lo soporte ni en broma; alguien que puede aguantar a un tipo terco y testarudo, y otro más que no pueda hablar con alguien terco sin llegar a golpearlo; a alguien puede gustarle que su pareja sea serio y reservado, otro más preferirá a alguien alegre y parlanchín. Finalmente, tu príncipe azul será la persona que mejor te acomode. Sin embargo, sin importar que tantas virtudes y defectos tenga, siempre cumplirá dos requisitos: tú lo amarás a él, y él a ti.

Y para concluir, la que yo creo que es la principal razón por la cual no creemos en el príncipe azul: no nos creemos a nosotros mismos unos príncipes azules, un problema obviamente relacionado con nuestra autoestima. Para creer en el príncipe azul, debemos creer primeramente que nosotros lo somos, que somos unos seres humanos llenos de virtudes y defectos que se mejoran día con día, capaces de amar a alguien con toda la fuerza de nuestro corazón, y también capaces de hacer todo por ver a esa persona feliz. Después de todo, si no creemos en nosotros mismo es imposible que creamos en los demás. No creemos que los demás sean capaces de amarnos, porque nosotros mismos no nos amamos. Y eso sí es un problema, un problema mucho más grave que pensar que el otro nos puede lastimar. Después de todo, si nos amamos y creemos en nosotros mismos que el otro nos lastime quedará en segundo plano, porque lo único que conseguirá de nosotros es lástima, lástima porque sabremos que aquella persona no se ama a sí misma ni a los demás. En cambio nosotros lucharemos por recuperarnos, porque sabremos lo mucho que valemos, y también sabremos que en algún lugar del planeta hay alguien más que al igual que nosotros se ama a sí mismo y es capaz de amarnos.

Solo necesitamos confiar en nosotros mismos, y poco a poco aprenderemos a confiar en los demás.